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Errores frecuentes

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Errores frecuentes en las reestructuraciones

Los diez fallos que aparecen una y otra vez en las operaciones que acaban regularizadas o discutidas. Ninguno es exótico: todos son evitables con una comprobación de unas horas antes de firmar.

1. Diseñar la estructura antes de tener el motivo

Es el error de origen. Cuando se decide la estructura y después se busca una explicación empresarial que la justifique, la secuencia deja huella: actas genéricas, informes redactados a posteriori, conductas incoherentes con lo declarado. La Inspección lo reconoce sin dificultad, porque es exactamente lo que busca.

2. No comprobar el encaje típico

El encaje en el artículo 76 es objetivo y se verifica en minutos: porcentaje de derechos de voto obtenido, umbral del artículo 87, existencia de rama de actividad. Descubrir tres años después que la operación no encajaba supone integrar toda la renta con intereses. Es el error más caro y el más fácil de evitar.

3. Escindir los inmuebles en lugar del negocio

La escisión parcial exige que lo transmitido sea rama de actividad. Si se transmiten los inmuebles, hay que acreditar una explotación inmobiliaria organizada; si se transmite el negocio, el requisito se cumple con naturalidad. El resultado societario es el mismo y la dificultad, muy distinta.

4. Repartir las reservas históricas al año siguiente

Es el patrón que más comprobaciones genera. Crear un holding y vaciar de inmediato las reservas acumuladas de la operativa hacia la matriz sitúa la ventaja fiscal en el centro del expediente. Distinto es repartir beneficios generados después, con un destino de reinversión documentado.

5. Valorar «a ojo» entre familiares

Cuando los socios no son idénticos y en la misma proporción en todas las sociedades, el tipo de canje redistribuye riqueza entre personas. Una desviación significativa es una donación, con liquidación en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. El acuerdo entre familiares no sustituye a la prueba de que el reparto respondía a valores reales.

6. Olvidar la comunicación a Hacienda

Es el incumplimiento más absurdo, porque se evita con un trámite. No priva del régimen, pero constituye infracción sancionable y es lo primero que aparece en cualquier comprobación, situando al contribuyente en posición defensiva desde el minuto uno.

7. Romper la exención de empresa familiar sin advertirlo

Fusionar la operativa con la sociedad de los inmuebles, incorporar activos no afectos a la matriz o dejar sin resolver quién ejerce las funciones de dirección puede hacer perder la exención en Patrimonio y la reducción en Sucesiones para toda la familia. Lo que se ahorra en gestoría se multiplica en la primera sucesión.

8. No llevar el cuadro de valores fiscales

El régimen especial hace que valor contable y valor fiscal diverjan durante toda la vida útil de los elementos. Sin un cuadro de seguimiento, alguien amortizará sobre el valor contable y el error se repetirá cada ejercicio hasta que una comprobación lo detecte con una década de intereses acumulados.

9. Encadenar operaciones sin sentido propio en cada paso

Encadenar es legítimo y frecuente, pero la Administración analiza el conjunto. Si el resultado global es una ventaja fiscal que no podría haberse obtenido directamente, el examen se hace sobre el todo. Cada paso debe tener sentido aunque los demás no llegaran a ejecutarse.

10. Olvidar a los terceros

Acreedores con cláusulas de cambio de control, trabajadores con derecho a información previa, licencias intransferibles, arrendamientos con prohibición de cesión. Ninguno impide la operación, pero todos pueden retrasarla o encarecerla si se descubren la semana de la escritura en lugar de en la revisión previa.

Esta página describe el marco general vigente en España y no sustituye al análisis del caso concreto. La normativa mercantil y tributaria se modifica con frecuencia y la doctrina administrativa evoluciona: antes de ejecutar cualquier operación conviene verificar la redacción vigente de los preceptos citados y la normativa autonómica aplicable. Consúltenos su caso.

Preguntas frecuentes

Sobre los errores y su corrección

Ya cometí alguno de estos errores. ¿Se puede corregir?

Algunos sí. La comunicación omitida puede presentarse de forma espontánea, con sanción reducida. Los ajustes extracontables no practicados pueden regularizarse. Los contratos entre matriz y filiales pueden formalizarse. Los requisitos de empresa familiar pueden restablecerse hacia adelante. Lo que no se puede crear es documentación con fecha anterior, pero sí reunir la evidencia que ya existe y ordenarla. Es el trabajo de la segunda opinión.

¿Cuál de los diez es el más caro?

El segundo y el séptimo. No comprobar el encaje típico supone integrar toda la renta diferida con intereses, y es un error puramente evitable. Romper la exención de empresa familiar sin advertirlo puede multiplicar la factura de una sucesión y afecta a todos los socios, no solo a quien decidió la operación. Los demás cuestan dinero; estos dos pueden cambiar la situación patrimonial de una familia.

¿Todos estos errores los comete el asesor?

No necesariamente. Varios nacen de decisiones del empresario tomadas después de la operación —repartir las reservas, vender antes de tiempo, dejar de retribuir las funciones de dirección— sobre las que nadie le advirtió porque el encargo terminó con la escritura. De ahí que el seguimiento posterior forme parte del trabajo: los requisitos que hay que mantener se cumplen cada año, no el día de la firma.

¿Está pensando en reorganizar su empresa?

Cuéntenos qué quiere conseguir —crear un holding, separar los inmuebles, integrar sociedades del grupo, dar entrada a un socio, preparar la sucesión o la venta— y le diremos qué operación encaja, qué impuestos se activan, qué se difiere y qué expediente hay que construir para que la operación se sostenga si Hacienda la comprueba dentro de cuatro años.